sábado, 24 de abril de 2010
domingo, 11 de abril de 2010
La casa que fuimos, poema de Carmen Sampedro
Una casa se asienta
en los ojos
que celan nuestros sueños
en las manos
que espantan el miedo
en las caricias
que nos dan vuelo.
Una casa se viste de fiesta
con geranios eternos de alegría.
La casa que fuimos
ya no tiene espejos
donde se miren
nuestros recuerdos.
Sombras amarillas de un sol lejano
batallan por librarse del tiempo
ciego de arena y sediento.
La casa que fuimos se pierde en mi eco.
domingo, 28 de marzo de 2010
TU RISA, poema de Pablo Neruda
Quítame el pan, si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.
No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de plata que te nace.
Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí todas
las puertas de la vida.
Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, por que tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.
Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
por que me moriría.
sábado, 13 de marzo de 2010
DESPIERTA LA MAÑANA, poema de Carmen Sampedro
con túnica blanca.
Los tejados moldean
lentamente y como en sueños,
gaviotas de nieve.
Su vuelo es pausado,
vuelo blanco, sin tiempo,
entre copos de algodón.
Me pregunto
qué brújula o destino siguieron
para llegar a este lugar,
tan lejos del mar.
Qué secretos dejaron atrás…
Despierta la mañana
como papel blanco
esperando unos versos.
lunes, 1 de marzo de 2010
A MI PADRE, poema de Carmen Sampedro
es un astro
que brilla.
Lucero del alba,
lucero de la tarde.
Yo era un lucero
para mi padre.
Como era niña
me llamaba Lucera.
¡Ay, mi Lucera,
qué preciosa es!
¡Ay, mi Lucera,
la más hermosa
del firmamento!
Ven, Lucera,
mira lo que tengo.
Y yo iba
a su lado pequeña,
radiante,
a cogerme de su mano
y apretarme con él.
Mi padre murió.
Ya nadie me llama así.
Su vida
dejó en mi corazón
una ramita de albahaca.
Y en mi frente
un surco de llanto,
su muerte.
martes, 16 de febrero de 2010
ÁNGELUS, poema de Carmen Sampedro
Frío. Cal. Huele a nada.
Las plañideras entran
con llanto estudiado, sinfónico,
a llorar al geranio que se ha roto
como el cristal,
a llorar tu muerte no rezada.
Parece un ángel,
murmuran,
y sus labios
(ruido blando),
entre queja y rezo,
entre asombro y misterio,
tejían alas
para tu cuerpo tierno.
Parecías, o tal vez eras,
eras como un ángel,
huérfano como ellos,
bueno por mandato,
triste por legado.
-Era la hora del ángelus-,
acordaron las mujeres
-y un ángel se lo ha llevado-.
Pero tú no volaste sin manchar
tus alas de sangre:
los ángeles no caen,
ni se estrellan contra el suelo;
ellos tal vez se pierdan
en el laberinto de la eternidad,
pero allí no hay sangre
que diga,
lo que vale una vida.
Allí no hay sangre que grite,
sobre las alas blancas,
que a la hora del ángelus
estamos solos,
siempre solos,
tanto que, en un instante,
las mismas alas que nos sostienen
nos abocan al vacío
y nos abraza el asfalto.
Un geranio se ha roto
como el cristal.
Parece un ángel,
susurraban las mujeres,
mientras arreglaban tu cuerpo
para el viaje eterno.
jueves, 4 de febrero de 2010
EN ESTA HORA TE ESCRIBO, poema de Carmen Sampedro
navego a ciegas en esta isla.
Oye mi voz en la lejanía de ecos sin nombre
que cavan mi herida.
Negro de llanto mi pesar se duele
negando risas, vallando atardeceres.
Desterrada de ti, no encuentro senderos
que den a mis pasos alivio y consuelo.
Ausente mío, causa de mi duelo.
La luz que me diste, se ahoga en silencio
y llegan las sombras con su velo puesto.
¿Qué será de tus ojos? ¿Seguirán ardiendo?
Dime anhelo mío, ¿a quién alumbras con ellos?
No me dejes en penumbra
que en las sombras no te siento.
Nuestro amor como la tarde
anochece lentamente y sin remedio.
No me dejes en penumbra
que en las sombras no te siento.
Ausente mío, en esta hora te escribo,
privada de mi lugar que eres tú
y no hallo más cordura que buscarte,
aunque sea a oscuras, aunque desterrada,
gritaré tu nombre, vagaré sin alma,
te buscaré a tientas en la madrugada.